La inteligencia artificial en las escuelas: entre la innovación y el pensamiento crítico
16 de septiembre de 2026

La vuelta a las aulas abre un nuevo curso marcado por la integración de nuevas tecnologías y el reto de desarrollar una competencia digital crítica
El inicio del curso pone cada septiembre el foco en los retos de un sistema educativo que está transformando sus métodos de enseñanza y aprendizaje. La tecnología ya forma parte de la vida académica y la irrupción de la inteligencia artificial generativa está acelerando este cambio.
En Cataluña, un estudio de las Escuelas Pías de Cataluña y la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), elaborado con más de 3.700 alumnos de 17 centros, revela que el 54,9% de los estudiantes utiliza dispositivos electrónicos para estudiar entre una y tres horas diarias, mientras que el 27,1% lo hace durante más de tres horas. En paralelo, el 46,6% afirma tener un nivel alto de conocimiento de la IA generativa.
La tecnología, por lo tanto, ha dejado de ser una posibilidad de futuro en las aulas para convertirse en una realidad que el sistema educativo debe aprender a integrar.
El pensamiento crítico, clave en el aprendizaje con IA
Las posibilidades que ofrece la IA generativa en educación van más allá de generar textos o resolver dudas. Puede facilitar la creación de materiales adaptados, ofrecer apoyo en determinadas tareas y contribuir a personalizar los recursos según las necesidades de cada alumno. También puede abrir nuevas vías de accesibilidad y facilitar el acceso a los contenidos educativos.
Estas posibilidades sitúan la tecnología como una herramienta de apoyo que puede reforzar el aprendizaje, pero no sustituir los procesos que el alumnado debe desarrollar por sí mismo. El reto, por tanto, está en incorporar estas herramientas digitales con una finalidad pedagógica clara y saber en qué momentos pueden aportar valor.
Aquí es donde cobra especial importancia aprender a cuestionar aquello que ofrece la tecnología. El estudio de la UOC muestra que solo el 10% del alumnado verifica siempre la información que obtiene de la IA generativa, mientras que un 11,5% reconoce que no lo hace nunca. Al mismo tiempo, el autoaprendizaje es la principal vía para aprender a utilizar estas herramientas. Este desajuste pone de manifiesto la necesidad de desarrollar una competencia digital que permita hacer un uso crítico de la IA. Esto implica saber contrastar fuentes, detectar errores y, especialmente, entender sus limitaciones.
La irrupción de la IA obliga, por tanto, a reflexionar no solo sobre las nuevas herramientas que llegan a las aulas, sino también sobre qué significa aprender en este nuevo entorno. La clave no está en restringir o prohibir la IA, sino en establecer unos criterios que permitan aprovechar su potencial sin perder autonomía, capacidad crítica y confianza en el conocimiento propio.
En este proceso, el sistema educativo tiene un papel clave, pero también las instituciones y el conjunto del ecosistema TIC. El reto es avanzar hacia un uso responsable de la IA que ponga a las personas y al aprendizaje en el centro.